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  • Ideal Pansiyon - Fethiye
  • Your House Guesthouse - Chiang Mai
  • New Siam II - Kao San Road, Bangkok
  • Traete tu tienda - Sri Lanka
  • Oasis Guesthouse - Chinatown, Kuala Lumpur
  • Garden Village - Siam Reap
  • George's Guesthouse (o muchas otras) - Sagada, Mt. Province
  • Uyami's Greenview Lodge - Banaue, Ifugao
  • Blue Bamboo - Sabang, Palawan
  • Aniceto's Pension - Puerto Princesa, Palawan
  • Friendly's Guesthouse - Manila
  • Mountain View Inn - McLeod Ganj, Himachal Pradesh
  • Cosy's Guesthouse - Jodhpur, Rajastán
  • Chitra Khata - Jaipur, Rajastán
  • Shree Palace - Pushkar, Rajastán
  • Valentine Inn - Wadi Musa, Petra
  • Cliff Hostel - Ammán
  • ChillOut Cengo - Beyoglu, Istanbul
  • Mavi Guesthouse - Sultanahmet, Istanbul

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martes, abril 26, 2011

La teoría del caos


Se ha dicho que algo tan pequeño como el batir de las alas de una mariposa puede tener como causa última un tornado en el otro lado del mundo.
La teoría del caos.

Más de un mes ha pasado desde mi última actualización, y bastante más de 30 días desde la última relacionada con el propósito original del blog. Esto se debe tanto a una decisión propia como a la censura que impuso el Parlamento Turco a toda la red Blogspot, esto último debido a una queja formal de DigiTurk (la plataforma de televisión por satélite local) a raíz de la visualización por streaming de partidos de fútbol. Como sabréis los que seguís no mi blog, si no mi vida, hay un agujero importante de lugares a describir entre toda la parafernalia que suelto en este espacio, concretamente Kuala Lumpur y dos tercios de Sri Lanka, el país, no las experiencias. Vendrán, a su debido tiempo, es decir, cuando pueda y quiera.

Soy consecuente con las decisiones que tomo, no me arrepiento de ellas sabiendo que cada puerta que se cierra -cierro- abrirá otras, que el buen camino no es siempre el planeado o imaginado, que la ruta impresa en un papel de American Airlines no significa nada más que un intento fallido de dar la vuelta al mundo y un éxito del autoconocimiento. Hace muchos meses que salí de casa planeando volver algún día, y creo que eso es lo único que no ha cambiado desde entonces, aunque he de reconocer que las ganas de hacerlo han ido disminuyendo cada día que ha pasado, que pasa, y que pasará, eso es un hecho, aunque haga referencia a un tiempo que está por llegar.
Vivo sin ruta, vivo sin rumbo, vivo sin más camino que el que marcan mis pies, mis ideas de bombero y en el que ya nada tiene que ver una cuenta bancaria que no miro por temor a que la realidad se convierta en pesadilla.

La vida me ha enseñado muchas cosas, y una licenciatura en económicas más bien pocas, pero sí dos que merecen la pena ser destacadas: el poder de los incentivos y el coste de oportunidad. De lo más importante que ha grabado a fuego en mi cabeza, y a tinta en mi cuerpo la existencia como tal -no es momento de metafísica a lo Platón o Descartes- es que la felicidad no es una meta, es el camino en sí. Sólo hay un incentivo que realmente me importa, y es el presente. En cuanto al coste de oportunidad, cuando has aprendido a ser consciente de que la felicidad no es algo exógeno, entiendes también que el destino no existe, y que nada es mejorable. Todo lo que pienses que puedes hacer para hacer un momento mejor es simple y llanamente autoengaño, porque en cuanto esa reflexión termine, lo mismo habrá sucedido con ese instante.

Cuando me denegaron el visado de trabajo para Australia y decidí volver a mi infiero/paraíso, lo hice con unas grandes expectativas que se han visto superadas de una forma abrumadora. Y no estoy ganando un duro, las clases no pueden ir mal, porque no van. Aquí me encuentro, pasando la práctica totalidad del día en los bares en los que trabajo a cambio de comida, bebida y compañía en lugar de andar perdido por cualquier rincón del mundo de esos muchos que todavía me intriga descubrir y, sin embargo, soy todo lo feliz que puedo ser ahora, y menos de lo que seré mañana. Algunos sabéis de la dualidad que suponen mis necesidades vitales, mi ansia de dar paseos de una distancia similar a la de la línea del ecuador y mi deseo de no hacerlo solo, de no estar solo, de ser feliz despertándome con alguien que sonría al dormir. Y esa ha sido la recompensa que se me ha dado al dejar de andar esa curva interminable. Lo que cause el batir de las alas de la mariposa me da lo mismo, pero lo que ha causado una idea demasiado ambiciosa es tan bueno como las 4000 islas, los moais, Ushuaia, comer kiwis entre kiwis, o mascar coca entre indígenas bolivianos; el mundo seguirá en su sitio al menos hasta el siguiente tsunami con implicaciones nucleares, en este caso, ella ha resultado estar aquí y ahora.
Lo que quiere venir a explicaros esta situación concreta es que la única decisión acertada es la que tomas, no la que descartas en el proceso. Que el coste de oportunidad para estar contento contigo mismo no existe, que el lamento es un número imposible, y la alegría una constante.

Mi pecho escribe que nada dura para siempre -aunque reza disfruta lo bueno, lo malo pasará- y ella podrá traer el fin marcado -todavía no me lo ha dicho explicitamente-; no me importa la meta, desde que tomé ese Alsa a Madrid, el camino está siendo maravilloso.
domingo, abril 24, 2011

HE VUELTO

Turquía ha levantado por fín el veto a Blogspot. Mañana vuelvo, personas, personitas y personajillos.
lunes, febrero 28, 2011

Cuando nos cerraron el alma

¡Váyase a la mierda!
Fernando Fernán-Gómez


Hoy el blog se va a alejar de su temática habitual por motivos excepcionales. Aunque lleve unas semanas sin actualizar, no está ni mucho menos abandonado, pero la ruta por Sri Lanka y la complicación de acceder a internet, así como el movimiento constante ha hecho imposible la publicación de nuevas entradas. Esta semana prometo volver a retomar la cadencia de posts habitual, hay mucho que contar.

Pero como he escrito en la primera línea, hoy no toca hablar de viajes, hoy sólo toca resignarse, alegrarse por los momentos vividos, y lamentar frente a una botella de Ragbet decisiones extranjeras. Porque esto es un panegírico. Esta será posiblemente la mejor, acaso única esquela, o quizás la segunda más sentida, que se le dedica al muerto en cuestión. Hoy, último día de este frío febrero de 2011, han matado un proyecto ilusionante, han censurado una idea magnífica, han vendido el alma por un pozo sin fin de banalidad, han creado un zombi resistente, pero un muerto viviente al fin y al cabo. Hoy, nos cierran Varuna Gezgin.

Puedo entender la decisión desde un punto de vista puramente financiero, situación a la que han llegado guiados por sus propios pasos; un edén donde prendieron un fuego y lo alimentaron con gasolina. Porque si las cuentas van mal es por una política al respecto no errónea, si no inexistente; cuando olvidas la mina de oro en favor de la fábrica de moneda, en breve no habrá valor real con el que respaldar los papelitos de colores, esos con los que compran sus idas y venidas por el mundo.

Adiós al origen convertido en el mejor local de una ciudad de catetos ilustrados, adiós al mejor ambiente posible, adiós a la tranquilidad del çay y el cigarro envueltos en una banda sonora de once, adiós a la tosca máquina de espresso que destila el café en lugar de producirlo mecánicamente, adiós a las paredes que, como el cuadro de Dorian Grey, mantenían inmortales a sus dueños, adiós a la fantasía posible.

Hoy nos cierran el alma sin poder hacer nada más que recordar los momentos y pasiones que otros han olvidado, por ellos y por nosotros, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Descanse en paz.



Today the blog is leaving aside its usual thematic for exceptional reasons. Even It has been some weeks without updating, it's not abandoned at all, but the route through Sri Lanka and the difficulties for accessing internet, as well as the constant movement has made impossible the publishing of new posts. I promise to go back to the usual timings this week, there is a lot to write about.

But as I have stated in the first line, today it's not the time for speaking about travelling, today is time to resing oneself, be glad for the moments we lived, and mourn in front of a Ragbet bottle the foreign decisions. Because this is a panegyric. This will be possibly the best, perhaps only obituary, or maybe the second most felt that is addressed to this dead one. Today, last day of this cold 2011 february, they have killed an exciting project, they have censored a magnificent idea, they have sold the sold for a bottomless hole of triviality, they have created a resilient zombie, but a walking dead in the end. Today, they close us Varuna Gezgin.

I can understand the decision from a purely financial look, situation reached guided by their only steps; an eden where they set a fire and feed it with gasoline. Because if the accounts go bad is due to a politic not wrong but inexistent; when you forget the gold mine in favor of a Mint, sooner it will not be any real value to back up the coloured papers, those which they buy their goes and comebacks around the world with.

Farewell to the origin converted in the best place of a city of illustrated hicks, farewell to the best possible enviroment, farewell to the serendipity of çay and cigarette wrapped in a soundtrack of eleven out of ten, farewell to the rough espresso machine which distilled coffee rather than mechanically produce it, farewell to the walls that, in a Dorian Gray picture style, kept their owners immortal, farewell to the achieved fantasy.

Today they close us the soul without being able to do more than remember the moments and passions others have forgotten, for them and for us, because there is no worse blind that the one that doesn't want to see. Rest In Peace.

miércoles, febrero 09, 2011

Sagada

Toda necesidad se calma y todo vicio crece con la satisfacción.
Henry F. Amiel

Sagada es famosa por varias cosas: las cuevas, los ataúdes colgantes, Eduardo Masferré, el yogur, y el hachís. De nuevo solo, me levanté temprano para ponerme rumbo a esta tourist trap y poder así llegar a una hora decente, el viaje de Banaue a Sagada no es ni especialmente largo, ni especialmente incómodo, pero si es aconsejable hacerlo cuanto antes y evitarse disgustos en forma de jeepneys inexistentes. La ruta se hace vía Bontoc en dos jeepneys, 150 y 40 pesos respectivamente, y, sin contar el tiempo de espera allí, que puede ir de los dos minutos a las dos horas, no debería sobrepasar las dos horas y media, no dejan de ser dos puntos alejados por unos inconmensurables 67 kilómetros.

Llegué a Sagada sin saber que coincidía mi presencia con las fiestas regionales, estas dedicadas a las diversas etnias originarias de la Cordillera y al etag, tocino curado al humo, muy gallego. La feria en sí es como cualquiera de un pueblucho, sin orquesta, pero con el sempiterno karaoke y concurso de belleza, pero le daba color a la aldea, y hacía que comer de puestecillos fuese sencillísimo, y muy barato. Allí se come muy bien. Hay una oferta muy amplia, típico de esta clase de lugares, y con muy buena relación calidad precio, y hay que destacar tres cosas: el yogur -el de la Yoghourt House está muy bueno, sí, pero me quedo con el del Shamrock Café (que no tiene nada que ver con un bar irlandés), que es más barato e incluye mermerlada-, la lemon pie, que es un pecado, y cuando una tarta entera cuesta menos de tres euros, pecas mucho más de lo recomendable, y el pollo. Porque no tiene el mismo sabor neutro que en el resto del mundo, y eso se debe a la forma típica de matarlo. En Sagada no le cortan el pescuezo, lo muelen a palos hasta que deja de chillar, y así la carne tiene una textura diferente, más densa, más rica. Además imaginar que tu adobo hace unas horas estaba siendo machacado hará al lado sádico que todos teneis sonreir tímidamente. Lo que sorprendentemente escasea es el concepto bar, sólo un garito que abre hasta relativamente tarde -las 12 de la noche- y con música en directo de manera ocasional, amén de ser un buen lugar para hacerte con hachís de manera sencilla, aunque pagas la comodidad a medio euro más por gramo, el Kimchi, donde comí un pork adobo con patatas que ha sido facilmente de los mejores que probé en el país.

De casualidad, cómo todo lo que sucede cuando viajas sin rumbo, me encontré a la pareja Alex - Ashley, un londinense genial y una americana enamoradísima que conocí en Sabang, y con los que hice la excursión por, hasta y de vuelta del río subterráneo. Fue una alegría, es gente muy agradable y, especialmente Alex, es un tío que se ha recorrido el mundo entero, muy campechano y con historias y desventuras para todos los gustos y momentos. Ahora anda por Brasil, resulta que algo le sucedió en Australia y tuvo que largarse a los dos días, pero la parejita ya busca volver a reencontrarse. Vive l'amour de Katmandú.

Pero Sagada, además de ser un lugar extremadamente laid-back, es también un sitio genial para dar paseos y hacer trekking de varias horas por las montañas, entre formaciones de roca kárstica y naturaleza que le dan un aspecto genial al paisaje, y sus famosísimas e impresionantes cuevas, que compiten con los ataúdes por ser la principal atracción de la zona. Tradicionalmente, los habitates de esa región depositan las cajas de sus muertos colgadas de los precipicios, y se pueden ver algunos que datan de hace más de 500 años colgando en el Echo Valley. La otra manera de enviar a los seres queridos al descanso eterno es enterrándolos dentro de una cueva, pero esto sólo está al alcance de las familias tribales más pudientes, teniendo que ofrecer para tal privilegio el sacrificio de varios cerdos y decenas de pollos, ganándose así el derecho otorgado por el barrigudo sacerdote de turno para poder dejar al muerto en la entrada de la Lumiang Cave.

Sagada es un must go de un viaje a las Filipinas, a poder ser al día o dos de llegar, pasar allí dos días y así proveerse para el tiempo restante de andadura por el país. Y eso será lo que hagamos cuando alguno de los que me lee decida dejar la comodidad del sillón y venirse un par de meses conmigo al sudeste asiático. Sólo me quedan tres horas, por fin, para meterme en el bus rumbo al aeropuerto, y de allí a Sri Lanka. De Kuala Lumpur ya os hablaré en el futuro, a la espera de ver en qué condiciones está la infraestructura wi-fi en un país que ha terminado su guerra civil no hace ni dos años.
domingo, febrero 06, 2011

En territorio Ifugao

Dos es compañía, tres es multitud. Entonces... qué son catorce?
Refrán, y reflexión


Entrada comenzada a escribir el 25/1

Puedo describir lo que hemos hecho aquí sólo como demencial. Información para los futuribles en visitar la zona, no lo hagáis obligados por el calendario, venid con tiempo a las Filipinas e informaros antes de salir rumbo Ifugao con un pronóstico de tiempo positivo, aunque las hemos disfrutado enormemente aún bajo estas condiciones, merece la pena venir con buen tiempo. Aquí se llega vía autobús nocturno en el que, como siempre, dispongo mi esterilla en el pasillo y me tumbo a dormir entre risas y miradas extrañadas, mucho mejor que en el asiento mal colocado.

Un poco antes de las seis de la mañana nos plantamos en Banaue con todo el equipo y la ruta ya hecha por Murat, todo más sencillo, café hasta que abrieran de nuevo para que los turcos comprasen los billetes de vuelta (es lo que tiene viajar 13 personas juntas) y en ruta. Bajo la incipiente lluvia nos montamos en el jeepney que nos iba a llevar hasta el punto de inicio del trekking, e incomprensiblemente no hay peleas por sentarse en el techo y disfrutar del viaje y las vistas en condiciones, sólo se me unió Emrah, el alto. 12 kilómetros, digamos unos 30 minutos, aunque muy posible que fuesen más, parece que lo de las carreteras provinciales en este país es común a todos los sitios. Y ahí comienza el preludio del despropósito turista en el que nos estamos viendo envueltos, porque ahora mismo, esto lo estoy escribiendo, antes que Palawan, antes que la llegada del grupo, en la aldea -esa denominación se le queda ajustada, no se si llegará a dar el tamaño requerido, en el medio de la Cordillera, después de 25 kilómetros terrazas de arroz a través. Pero lo que viene siendo la forma de realización de este viaje está siendo increíble. Estoy en la casa de una vieja que en el piso de arriba tiene 5 camas -somos 14, de nuevo cocinando nuestra comida, con nuestro guía de nombre real Rambo. Y hay gente que se queja de esto, si de lo mejor que te puede pasar para guardar de experiencia. Porque el camino en sí con un tiempo decente es un coñazo, pero no complicado, pero bajo la lluvia constante desde hace semanas, soy uno, ellos tienen los días que tienen, y al final no hay opciones para tomar, es muy, muy peligroso, por mucho guía de los cojones que lleves, el tío no va a caminar por ti. Caminando sobre piedras y suelo de plantación mojado al borde de un intervalo que va desde los 2 hasta los 100 o más metros de caída, cosa más que probable, y yo tengo el record: 5 metros pared abajo hacia la muerte o la desgracia física permanente. Como veis, sigo vivo.


Pese a todo esto, la ruta Banaue-Batad-Cambulo-Pula-Banaue es un must en cualquier viaje a las Filipinas. Ver las terrazas recortadas de la montaña donde se lleva cultivando arroz desde hace más de 2000 años es una imagen de ingeniería de supervivencia inigualable, una visión poderosa de cómo el ser humano cuando quiere, puede con todo, de cómo modificar la naturaleza de una forma sostenible y bella; aún hoy en día estas terrazas siguen irrigadas por aquel antiguo sistema de canalizaciones, y aún siguen los habitantes de esa región viviendo de lo que la tierra, y su trabajo, les provee.

Desde Pula, donde comencé a escribir esta entrada, y donde catorce personas dormimos en 4 camas, menos Ömer y yo que nos tocó el suelo -gracias, "amigos"-, partimos al día siguiente de nuevo a Banaue, donde me separaría de los turcos. Un camino sencillo según nuestro guía, claro. Bajo las condiciones atmosféricas se convirtió en una penitencia por caminos embarrados donde la mayor diversión consistía en pelearse por ser el que más veces resbalase y decorar así de un sucio marrón la ropa. En este caso quedé segundo. Y llevar zapatillas de trekking impermeables no sirve de mucho cuando tienes que cruzar dos torrentes crecidos por las incesantes lluvias, todo para llegar al punto de recogida donde nuestro guía debería llamar al jeepney que nos llevase de vuelta, todo muy sencillo si el bastardo no se hubiese olvidado de apuntar el número de teléfono. Por suerte, una de las van que cubren a diario el trayecto Banaue-Bontoc, llena hasta los topes, se apiadó de nosotros y nos recogió no sin antes dejar en el medio de la carretera a media docena de locales. Mientras esperábamos apareció una moto con dos filipinos, uno sin dientes y con una carabina que parecía rescatada de la Segunda Guerra Mundial, seguramente, sería así, dada la violencia con la que este conflicto azotó a las Filipinas, hecho del que poco se habla, hecho que poco se plasma en blockbusters americanos.

Por fin llegamos de nuevo a Banaue, donde me apresuré a buscar alojamiento, y donde el camino me devolvió a la soledad -tranquilizadora- a las seis de la tarde. Una noche en Banaue donde no hice nada más que comprar algo de comida y una botella de vino de arroz -sería imperdonable abandonar la zona sin haberlo probado-, y preparar un bong casero para disfrutar con un libro del otro cultivo local característico, en este caso, nutritivo para la psique. Al día siguiente, tocaba ponerse en ruta hacia Sagada.
miércoles, febrero 02, 2011

21 días después


Time wounds all healers
Hospital, por Toby Litt


Por dónde empezar en este caso no es una reflexión al aire, está claro que justo después de Manila. Pero relatar una semana en Palawan, algo más en North Luzon, y las idas y venidas se ha convertido en un trabajo largo al que cada vez me apetece menos dedicarle tiempo, pero ahora mismo es algo que sin sobrarme no me da para hacer nada productivo, toca nueva entrada.

Me he dedicado a leer mucho, libros que voy pillando por el camino, donde hay de todo. The brief wondrous life of Oscar Wao, de Junot Díaz, es una maravilla que me encontré en la guesthouse de Sabang, donde sólo hay luz eléctrica de 6 a 10 pm, en un pequeño complejo de cabañas de bambú a la orilla de las rocas, a donde llegas cruzando todo el pueblo, y el pescado a la parrilla está muy bueno. Creo que sobre la mitad del libro la leería a la luz de la linterna, no hay demasiado que hacer allí en Sabang, además del río subterraneo y el jungle trekking que todo el que va allí debería hacer. Sin ser lo más impresionante del mundo, ir hasta el rio a través de la jungla, adentrarse en el mismo, y volver en barca viendo la linea de costa de la isla kárstica te deja con la impresión de haber sido un día muy bien aprovechado. Llegué a Palawan tras los dos días en Manila, ciudad que se está situando entre mis favoritas ahora que la tengo más rodada, con un irlandés de nombre raro y poco más hicimos ese día que encontrar una guesthouse donde pararnos esa noche, ambos nos marchábamos temprano al día siguiente, yo a Sabang, él a El Nido. No fui a esta última, que se supone la perla de Palawan. El tiempo fue una mierda para estar en una isla donde, si no buceas, vas a relajarte en playas tranquilas y aguas calientes. Pero pienso volver a las Filipinas más pronto que tarde, no es caro llegar aquí y si tres personas me siguen, se hace un viaje realmente barato. Sólo es otro cantar. Puerto Princesa es una ciudad amigable, fácil de recorrer, y si estás en Aniceto's Pension, con cocina a tu disposición, wifi y una localización no céntrica -claro que yo tenía la moto- pero en el medio de la realidad filipina. El dorm, llegando cuatro, saldría muy bien de precio.
Sabang merece la pena para pasar dos noches y partir a la siguiente mañana. Un sitio tranquilo, que no llega a ser un paraíso, playa, río subterraneo, playa, y Port Banton o El Nido. O ambas, en cuanto vuelva, porque la isla definitivamente merece la pena, tranquila por ser la más recientemente descubierta como posibilidad turística, la gente aún empieza a ir con cuentagotas.

Lo único que debo reprocharme en las Filipinas, además de la ligereza con el dinero -tampoco es que pudiese haberlo hecho mucho mejor- es que, a pesar de estar alrededor de una semana en Manila -6 noches, ni 5 días- el único barrio que conozco es Malate, pero aprendí a moverme perfectamente en los diversos medios de transporte de la urbe. Y os los voy a explicar. En primer lugar, tanto si viajáis acompañados -sólos también, pero si puedes compartir se convierte en una broma- id siempre en taxi, es sencillamente el más barato que me he encontrado en ningún sitio. Ningún trayecto normal que hagáis subirá el taxímetro por encima de los 120 pesos, dos euros, un regalo. Manila dispone también de un sistema de tren elevado no muy extenso, pero útil especialmente para coger autobuses en la miríada de estaciones -una por compañía- que hay en la ciudad, es eficiente, barato -single, alrededor de 15 PHP- y empieza a funcionar a las 5 am. Y luego los jeepneys. Ni rickshaws, ni tuk-tuks, el jeepney es sin duda el vehículo de transporte con más personalidad de toda Asia, el más caótico sin duda. No funciona como los anteriores, el jeepney es un vehículo de transporte público que cubre una ruta fijada en las diversas pegatinas y plaquitas que pueblan su luna delantera, y la primera vez que os subáis a uno acabaréis en cualquier sitio menos en el que teníais intención de hacerlo, pero merece la pena. Un jeepney cruza varios barrios y cuesta unos míseros 7 PHP, te subes y bajas donde quieres. Y enlazando con la siguiente parada del viaje, os lo ejemplifico. Para ir a Banaue, en Luzón del Norte, región de Ifugao y punto de partida para casi cualquier trekking por las fabulosas terrazas de arroz, hay un bus nocturno de la compañía GV Florida, cuya estación se encuentra en Sampaloc. El precio del trayecto son de 360 a 400 PHP, dependiendo de lo espabilado que uno sea al comprar el billete diciendo que eres estudiante. Para llegar a Sampaloc, bien un jeepney desde Rosario con Taft que viaje por España hacia Quiapo, o montarse en el LRT hasta la estación de Tayuman, desde ahí andar unos 10 minutos. En taxi, nunca más de 100 PHP, ni en hora punta.


Y aquí iría Banaue y el trekking por las terrazas de arroz, y luego Sagada, pero no me apetece ahora mismo, y el trekking se merece una entrada para él solo. Prometo hacer esta mañana, y si sale corta, que no debería, añadirle Sagada.
viernes, enero 21, 2011

La insigne, muy noble y siempre leal ciudad de...


No importa cuan larga sea la procesión, esta siempre terminará en la iglesia.
Proverbio filipino

...Manila. Antes de la hora prevista, tras alrededor de 24 horas de viaje desde que me monté en el Eskisehir Express destino Istanbul, pisé tierra donde nuestros mismos colonizadores lo hicieron siglos antes, en nuestro caso, para seguir estando ahí. Calor típico del sudeste asiático, y con el petate a la espalda, sabía desde un principio que esta llegada primera aproximación a la capital iba a ser muy sencilla, esta vez me lo traía estudiado, lo que no evitó que me clavaran 5 euros por un viaje que debería haber rondado el 1'5. Pero no pasa nada, salvo que las Filipinas es sensiblemente más caro, o caro de cojolnes, comparado con el resto de paises que se situan por esas zonas del globo. También es totalmente diferente, gracias a nuestro antiguo afán de extender las "bondades" del cristianismo a base de cruz -de golpes con ella.

Rumbo a Malate, donde se encuentra el llamado backpacker HQ, pero también la zona de turismo sexual y la extensa comunidad gay de Manila. Allí directo a Friendly's Guesthouse, lo que deberían ser todas, café y te gratis, cocina a tu disposición, muchísimo ambiente y muchas opciones para el mochilero solitario. Es imposible salir de allí sin conocer a gente. Cada viernes, una BYO - BBQ (bring your own meat barbeque) y los sábados, y esto sí ralla lo delirante, vino gratis con comida desde las seis de la tarde hasta que la voracidad de los presentes acabe con ello. Justo enfrente hay otra que también es altamente recomendada, más tranquila, sin vino gratis y con mejores habitaciones -yo, como siempre que puedo, al dorm- de nombre Malate Inn (creo recordar), pero que es imposible de no ver.

Poco os puedo contar de Manila dado que me pasé los dos días que estuve de fiesta y cháchara, pero si unas breves indicaciones. Bajando la calle llegaréis al Robinson's Place, que es un centro comercial gigantesco donde podréis comprar de todo, encontrar todas las marcas que os plazcan, todos los fast food que ansiéis más muchos más, y un supermercado perfecto para utilizar luego la cocina de la guesthouse. El alcohol aquí es más barato que el agua, y un paquete de Marlboro cuesta entre los 33 y los 40 pesos, es decir, de 50 a 60 céntimos de euro. Para comer barato, cosa relativamente complicada en este país -no os penséis que es como España, en comparación con las bondades culinarias de la India o Tailandia, por ejemplo-, un par de consejos. El restaurante/bar justo enfrente a Friendly's tiene la cerveza a precios de risa, y la comida no está mal por el precio. A su lado, un pequeño puesto de hamburguesas donde dos dobles te cuestan 30 pesos saciarán vuestros despertares más hambrientos. Pasad de lo que os digan los de allí y para comer algo más, andad hasta la Remedios Square, que es una glorieta con mucha vida local, y en la calle de la izquiera encontraréis un típico tugurio filipino donde los pinchos a la barbacoa cuestan la mitad que en el que os dirán en la guesthouse, y dos tazones de arroz, uno de lentejas y calamares en su tinta salen por 58 pesos. Y eso es una ganga. Aún así, para comer, este no es el país.

Y poco más, espero resistir la tentación que sobrevendrá mañana a la noche con la llegada de los turcos de irme de fiesta y poder levantarme a una hora decente para dar una vuelta por alguno de los barrios de la ciudad. Pecaré de turista, y me dirigiré a Intramuros y el Fuerte Santiago, habrá que dejar para la siguiente venida el barrio chino con su más que atractivo cementerio. La siguiente entrada, mis desventuras en Palawan.