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martes, abril 26, 2011

La teoría del caos


Se ha dicho que algo tan pequeño como el batir de las alas de una mariposa puede tener como causa última un tornado en el otro lado del mundo.
La teoría del caos.

Más de un mes ha pasado desde mi última actualización, y bastante más de 30 días desde la última relacionada con el propósito original del blog. Esto se debe tanto a una decisión propia como a la censura que impuso el Parlamento Turco a toda la red Blogspot, esto último debido a una queja formal de DigiTurk (la plataforma de televisión por satélite local) a raíz de la visualización por streaming de partidos de fútbol. Como sabréis los que seguís no mi blog, si no mi vida, hay un agujero importante de lugares a describir entre toda la parafernalia que suelto en este espacio, concretamente Kuala Lumpur y dos tercios de Sri Lanka, el país, no las experiencias. Vendrán, a su debido tiempo, es decir, cuando pueda y quiera.

Soy consecuente con las decisiones que tomo, no me arrepiento de ellas sabiendo que cada puerta que se cierra -cierro- abrirá otras, que el buen camino no es siempre el planeado o imaginado, que la ruta impresa en un papel de American Airlines no significa nada más que un intento fallido de dar la vuelta al mundo y un éxito del autoconocimiento. Hace muchos meses que salí de casa planeando volver algún día, y creo que eso es lo único que no ha cambiado desde entonces, aunque he de reconocer que las ganas de hacerlo han ido disminuyendo cada día que ha pasado, que pasa, y que pasará, eso es un hecho, aunque haga referencia a un tiempo que está por llegar.
Vivo sin ruta, vivo sin rumbo, vivo sin más camino que el que marcan mis pies, mis ideas de bombero y en el que ya nada tiene que ver una cuenta bancaria que no miro por temor a que la realidad se convierta en pesadilla.

La vida me ha enseñado muchas cosas, y una licenciatura en económicas más bien pocas, pero sí dos que merecen la pena ser destacadas: el poder de los incentivos y el coste de oportunidad. De lo más importante que ha grabado a fuego en mi cabeza, y a tinta en mi cuerpo la existencia como tal -no es momento de metafísica a lo Platón o Descartes- es que la felicidad no es una meta, es el camino en sí. Sólo hay un incentivo que realmente me importa, y es el presente. En cuanto al coste de oportunidad, cuando has aprendido a ser consciente de que la felicidad no es algo exógeno, entiendes también que el destino no existe, y que nada es mejorable. Todo lo que pienses que puedes hacer para hacer un momento mejor es simple y llanamente autoengaño, porque en cuanto esa reflexión termine, lo mismo habrá sucedido con ese instante.

Cuando me denegaron el visado de trabajo para Australia y decidí volver a mi infiero/paraíso, lo hice con unas grandes expectativas que se han visto superadas de una forma abrumadora. Y no estoy ganando un duro, las clases no pueden ir mal, porque no van. Aquí me encuentro, pasando la práctica totalidad del día en los bares en los que trabajo a cambio de comida, bebida y compañía en lugar de andar perdido por cualquier rincón del mundo de esos muchos que todavía me intriga descubrir y, sin embargo, soy todo lo feliz que puedo ser ahora, y menos de lo que seré mañana. Algunos sabéis de la dualidad que suponen mis necesidades vitales, mi ansia de dar paseos de una distancia similar a la de la línea del ecuador y mi deseo de no hacerlo solo, de no estar solo, de ser feliz despertándome con alguien que sonría al dormir. Y esa ha sido la recompensa que se me ha dado al dejar de andar esa curva interminable. Lo que cause el batir de las alas de la mariposa me da lo mismo, pero lo que ha causado una idea demasiado ambiciosa es tan bueno como las 4000 islas, los moais, Ushuaia, comer kiwis entre kiwis, o mascar coca entre indígenas bolivianos; el mundo seguirá en su sitio al menos hasta el siguiente tsunami con implicaciones nucleares, en este caso, ella ha resultado estar aquí y ahora.
Lo que quiere venir a explicaros esta situación concreta es que la única decisión acertada es la que tomas, no la que descartas en el proceso. Que el coste de oportunidad para estar contento contigo mismo no existe, que el lamento es un número imposible, y la alegría una constante.

Mi pecho escribe que nada dura para siempre -aunque reza disfruta lo bueno, lo malo pasará- y ella podrá traer el fin marcado -todavía no me lo ha dicho explicitamente-; no me importa la meta, desde que tomé ese Alsa a Madrid, el camino está siendo maravilloso.
lunes, febrero 28, 2011

Cuando nos cerraron el alma

¡Váyase a la mierda!
Fernando Fernán-Gómez


Hoy el blog se va a alejar de su temática habitual por motivos excepcionales. Aunque lleve unas semanas sin actualizar, no está ni mucho menos abandonado, pero la ruta por Sri Lanka y la complicación de acceder a internet, así como el movimiento constante ha hecho imposible la publicación de nuevas entradas. Esta semana prometo volver a retomar la cadencia de posts habitual, hay mucho que contar.

Pero como he escrito en la primera línea, hoy no toca hablar de viajes, hoy sólo toca resignarse, alegrarse por los momentos vividos, y lamentar frente a una botella de Ragbet decisiones extranjeras. Porque esto es un panegírico. Esta será posiblemente la mejor, acaso única esquela, o quizás la segunda más sentida, que se le dedica al muerto en cuestión. Hoy, último día de este frío febrero de 2011, han matado un proyecto ilusionante, han censurado una idea magnífica, han vendido el alma por un pozo sin fin de banalidad, han creado un zombi resistente, pero un muerto viviente al fin y al cabo. Hoy, nos cierran Varuna Gezgin.

Puedo entender la decisión desde un punto de vista puramente financiero, situación a la que han llegado guiados por sus propios pasos; un edén donde prendieron un fuego y lo alimentaron con gasolina. Porque si las cuentas van mal es por una política al respecto no errónea, si no inexistente; cuando olvidas la mina de oro en favor de la fábrica de moneda, en breve no habrá valor real con el que respaldar los papelitos de colores, esos con los que compran sus idas y venidas por el mundo.

Adiós al origen convertido en el mejor local de una ciudad de catetos ilustrados, adiós al mejor ambiente posible, adiós a la tranquilidad del çay y el cigarro envueltos en una banda sonora de once, adiós a la tosca máquina de espresso que destila el café en lugar de producirlo mecánicamente, adiós a las paredes que, como el cuadro de Dorian Grey, mantenían inmortales a sus dueños, adiós a la fantasía posible.

Hoy nos cierran el alma sin poder hacer nada más que recordar los momentos y pasiones que otros han olvidado, por ellos y por nosotros, porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Descanse en paz.



Today the blog is leaving aside its usual thematic for exceptional reasons. Even It has been some weeks without updating, it's not abandoned at all, but the route through Sri Lanka and the difficulties for accessing internet, as well as the constant movement has made impossible the publishing of new posts. I promise to go back to the usual timings this week, there is a lot to write about.

But as I have stated in the first line, today it's not the time for speaking about travelling, today is time to resing oneself, be glad for the moments we lived, and mourn in front of a Ragbet bottle the foreign decisions. Because this is a panegyric. This will be possibly the best, perhaps only obituary, or maybe the second most felt that is addressed to this dead one. Today, last day of this cold 2011 february, they have killed an exciting project, they have censored a magnificent idea, they have sold the sold for a bottomless hole of triviality, they have created a resilient zombie, but a walking dead in the end. Today, they close us Varuna Gezgin.

I can understand the decision from a purely financial look, situation reached guided by their only steps; an eden where they set a fire and feed it with gasoline. Because if the accounts go bad is due to a politic not wrong but inexistent; when you forget the gold mine in favor of a Mint, sooner it will not be any real value to back up the coloured papers, those which they buy their goes and comebacks around the world with.

Farewell to the origin converted in the best place of a city of illustrated hicks, farewell to the best possible enviroment, farewell to the serendipity of çay and cigarette wrapped in a soundtrack of eleven out of ten, farewell to the rough espresso machine which distilled coffee rather than mechanically produce it, farewell to the walls that, in a Dorian Gray picture style, kept their owners immortal, farewell to the achieved fantasy.

Today they close us the soul without being able to do more than remember the moments and passions others have forgotten, for them and for us, because there is no worse blind that the one that doesn't want to see. Rest In Peace.

domingo, enero 09, 2011

De alimentar cuerpo y alma


El amor es tan importante como la comida, pero no alimenta.
Gabriel García-Márquez


Esta va a ser la primera vez que me marche solo; miento, todas las anteriores veces que me marché lo hice solo, así que mejor dicho esta va a ser la primera vez que me marche sin nadie a quién dejar detrás. Y es un sentimiento extraño. Y empiezo a creer tras muchas, diversas y lectivas experiencias y etapas mentalesvitales que todavía no se, y a estas alturas ni sabré vivir sin tener una mujer a la que desear trascendiendo toda contrariedad física y/o social. Y sumando que la intensidad y número de lo dejado atrás ha ido creciendo a lo largo del tiempo de una manera casi cuadrática , se está haciendo todavía más complicado.

Este último tiempo antes de la partida ha sido con diferencia el más débil de todos. Va un mes y cinco días desde que llegué y en cuatro días estaré sentado en la cabina de un avión volando hacia las Filipinas con una compañía aerea "de las buenas", con mantita, almohada y comida vegetariana.

Este adiós de punto y aparte con Turquía sigue sin mostrárseme cono un pensamiento con futuro de convertirse en realidad. Aquí tengo muchas ventajas y, si hiciese de mi estadía algo estable y prolongado, podría llegar a montarme una vida más que decente . Y volverían a pelearse mis dos lados, y tendría que meterme o me meterían sin tener que hacerlo en sus políticas y versus tan llenos de auténtica psicología turca. Y me volverían loco todas las locales, y para su y mi desgracia, perderían en comparación con mi mujer onírica, esa única capaz de darme pesadillas y obtener mis sueños a cambio. Y ella ha pasado. He llegado al punto de poder aceptar a alguien nuevo con el que encantarme al despertar. Pero ella siempre estará a tan sólo 400 kilómetros como mucho, o peor, 5 horas y 8 euros de principios de 2011.
Fue ella; un proyecto de flor con buena disposición desde el documento de identidad hasta las formas, pero las flores de ese tipo jóvenes y faltas de sol se acaban torciendo; la judía -no la planta-, siempre tiene que haber un judío por el medio de toda buena historia; la que da más de lo que recibe, y recibe menos de lo que merece; y las clásicas secundarias que le dan cuerpo y densidad al volúmen, esas que entran por la vista, agradan al tacto y al gusto, no atrapan por el olfato, fracasan al oído, y salen por sentido común.

Toda esta situación me desconcierta porque un mes entre flores, santas y etnias problemáticas me hubiese aplicado el parche que quería. No existe recambio para lo que hay roto aquí por ningún lado.

Creo que me voy a dedicar a la cocina. Y esto lo añado a la larga lista de posibles opciones de futuro que barajo y de la que os voy a dar un pequeño adelanto. Peacemaker, vía estudios extraños en Innsbruck; Behavioural economist, vía estudios en alguna univesidad decente americana, Fruitpicker/Cowboy vía visado de trabajo en Australia; Vividor, vía braguetazo; Vagabundo, vía mi vida actual. Pero volviendo al tema cocina, me gusta verme entre fogones y no se me da del todo mal. Carezco de una inventiva como la de Ferrán Adriá y me alegro por ello, me sale tan bien la tortilla que deconstruirla me parece un atentado, por muy cool que suene. Y la cocina turca más allá del maldito y omnipresente doner kebab se me da de puta madre. Presumo con razón de hacer el mejor menemen de la ciudad y he alcanzado el súmmum con su versión bocadillo con el que deleito a mi conseguidor para evitar que gaste su escaso salario pidiendo comida. He creado, sorprendido por la falta de lógica dulce de la mente turca, el çikolatali gözleme, rellenando la yufka con una mezcla rallada de tres chocolates en la que siempre predomina el negro, y cambiando el clásico acompañamiento de tomate, olivas y pepino por gajos de naranja sin piel con canela y un botón de sirope de chocolate, yogur de avellana -tampoco han pensado nunca en saborizar el yogur y convertirlo en postre- adornado con dos finos gajos de manzana verde y mermelada de algún fruto silvestre de color rojo. También acepto la de fresa. Y por supuesto, en lugar de tomillo sobre el gözleme, menta.
sábado, enero 01, 2011

En ruta

...si puedes emplear el inexorable minuto recorriendo una distancia que valga los sesenta segundos...
Rudyard Kipling, Si


Doce días y volveré a estar en el aire. Año nuevo, mismos propósitos y peores intenciones. No tengo casa, y tampoco la quiero, no tengo nada más que los trapos necesarios y dinero en la cuenta bancaria, una infección en remisión y pocas ganas de escribir, el mundo a mis pies, y unos tacones sobre mi pecho. No he conseguido que nadie me tatúe gratis, así que tendré que hacer una escala en Bangkok, donde en cuestión de tinta siguen el mantra gitano del mercadillo. Hoy echo de menos a los que habláis mi idioma, los calamares rellenos de mi madre y el hachís. Y a Halime, y esto último si que no lo entiendo.
Feliz año nuevo, aunque dudo que trabajéis por que sea así.
domingo, diciembre 26, 2010

No mires hacia arriba

S.S., D.D.
De El cazador de sueños, por Stephen King.

Si me vas a traducir, al igual que en Facebook, te espera una jodida pesadilla. Bienvenido en cualquier caso.

Se acabó. No volváis aqui si lo hacéis solos, y tampoco me deis las gracias por ser vuestro catavenenos, pero sentid pena de que yo haya venido con hambre. Son las tres de la mañana y vengo demasiado cansado como para callarme, y dado que si soy conciso voy a llegar a más gente de la que se merece, no se cuan larga terminará siendo esta entrada, pero va por y para vosotros, los que hicimos de esta ciudad un paraíso.
Cuanto más brilla su superficie, más profundas son sus sombras. Se que muchas veces puedo llegar a pareceros un pedante gilipollas en mis actualizaciones y/o en mi modo de expresión escrito. Me podéis chupar la polla. Dicho esto, comenzamos, llueve mierda.

Tras intentar contar los amigos que tengo aquí he decidido dejar de hacerlo porque me cuesta pasar del tres y me siento un completo imbécil. Ayer fue una noche clarividente para saber, de una vez por todas, que este no es mi sitio. Paso de los mensajes crípticos cuando se pueden decir las closas claramente y hacerlo todo tan fácil como realmente es. Entrar a la trastienda del Café del Mundo es tocar un trozo de mierda con aspecto de lingote de oro, mancha y asquea. Soy parcial, y posicionarse en este caso no me lleva al bando ganador, así que deserto y salvo mi culo, y me encantaría que ellos pudiesen hacer lo mismo. Paso de opiniones infundadas y paranoicas sobre mi persona, me río de ideales utópicos en el mundo empresarial, y me niego a someterme a reglas diseñadas para gente que no son mis iguales. Ya no soy feliz aquí cuando veo payasadas fuera de lugar. Mi fantástica vida turca existía gracias en su mayor parte a los foráneos como yo que me dieron el gran regalo de compartirla por azar y la mantenían en una esfera irreal. La realidad aquí es que esto deja mucho que desear. No puedo irme de fiesta porque trabajo en el lugar en el que me iba de fiesta, no puedo disfrutar de ese lugar cuando no estoy trabajando uno, porque me he visto atrapado en sus grandes e insolventables problemas estructurales, y dos, porque no puedo ser cliente. En que puta cabeza racional cabe eso. Pero aquí de ese tipo de cerebros poco se conoce todavía. No me puedo ir de fiesta porque esas pocas personas que me hacen sentir imbécil contándolas trabajan a mi lado, y a ellos sí les va la vida en ello, así que no tengo a nadie con el que vivir la noche entre risas y sin preocupaciones. El nuevo café es una carcasa vacía que va a traer la ruina a una idea fantástica que se apoyó en los principios equivocados de organización empresarial, pero que hasta la fecha tuvo salvación y que, como creo que está quedando claro, para mí se ha condenado ya. Y siguen siendo personas excepcionales a las que les guardo un amor enorme, los responsables, pero inevitablemente esto forma una parte tan grande de sus vidas que afecta todo lo que toca.

Los nuevos erasmus me causan una repulsión magnética. Comparar es lo que conlleva. Y la que me causa una atracción fundada y merecida debe pensar que soy gilipollas, o un ser perfecto sin miserias morales -de las que ando sobrado-, o que no capto las cosas más rápido de lo que en verdad me gustaría y, teniendo en cuenta mi humor actual por causas esenciamente ajenas a ella, le he reservado un lugar confortable al lado de la basura que me he propuesto barrer.
Necesito encontrar a la mujer racional de mi vida o, quizás, reencontrarla, y dejarme de andar de cama en cama con gente de la cual no acepto sus estupideces. Cosa harto complicada de lograr cuando has dejado de tener un sitio al que llamar casa y te hallas en la situación de descubrir que va a pasar -muy probablemente- mucho tiempo hasta dar con él. Soy el único que recuerda y ha interiorizado como leiv motiv la lógica elemental que nos "enseñaron" en el colegio? Esa que reza aquello de A=B, B=C, ergo A=C?

Pero habiendo aceptado ya que no soy feliz aquí, dios, me voy a ir a dormir extremadamente contento. Mañana será un día de gastos electrónicos, ostias en la cara y sonrisas tan falsas como verdaderas. Soy libre en mi simpleza filosófica, cada día descubro que tengo más y más suerte de la que ya pensaba que tenía el día anterior. Y creedme, me considero uno de los tíos más afortunados de mi mundo. El de los demás, pues me importa lo mismo que lo que cae del cielo, una mierda. Y en el fondo, me sigue encantando quejarme por quejarme para aliviar tensiones.
sábado, diciembre 25, 2010

Lo que debería ser y no será

Pensar es el trabajo más dificil que existe, tal vez por ello tan pocos lo hacen.
Henry Ford

Hoy tocaría hacer una entrada profunda, en la que trataría temas diversos de corte económico-operativo y explicaría cosas desde un punto de vista académico. Hablaría de deseos y realidades. De cómo las personas funcionan a base de incentivos y de organización empresarial, de jerarquías, problemas y soluciones, de las diferencias que crean distintas motivaciones y de niveles. De El arte de la guerra y de análisis coste-beneficio. De cómo la economía entronca invariablemente con la psicología humana, y de cómo funcional las cosas (mal) cuando se pretende que eso no es así. No hablaría de ideales o utopías, si no de cómo funciona un determinado mundo en realidad si pretendes jugar en él, y de cómo es imposible cambiar a las personas si ellas no quieren hacerlo, de cómo a quien no quiere ver, no importa cuántas veces o cuan cerca le muestres las cosas. De cómo separar esferas vitales. Pero simplemente os voy a desear una Feliz Navidad a todos, ahora que, lejos de casa y sin el asqueante modo de celebración de estas fechas, he recuperado el espíritu navideño.

Un abrazo a todos.
domingo, diciembre 19, 2010

Viejas glorias, diamantes y la pu*a realidad

Eterna búsqueda convertida en eterna espera
Juaninacka, La teoría del caos

El viernes añadí un nuevo nombre a la ya larga lista de músicos que he tenido la oportunidad de ver en directo. Y no es uno cualquiera, una leyenda de las roots jamaicanas que misteriosamente aún sigue respirando, lo que hace pensar que la marihuana no es tan perjudicial como algunos sectores sociales se empeñan en hacer creer. Lee Scratch Perry. Ironías de la vida, Lee Scratch Perry live in Babylon. Una mierda de concierto, las cosas como son. Hay que aplicar eso de crea fama y échate a dormir al caso, tanto al hombre -mucha vida, mucha ganja en el camino- como al lugar -si, es Babylon, en Istanbul, que trae a artistas de talla internacional para meterlos a tocar en un local más pequeño que la casa de Alfonso si tiramos todas las paredes, al estilo de sus viejos vecinos rumanos, por unos precios de los que mejor no hablar. Una anécdota del viejete: décadas atrás tenía problemas con ciertos gangstas de Kingston, básicamente se supone que les debía dinero, y para evitarse un par de balazos, quemó su estudio y se pasó un par de semanas andando hacia atrás, y lo dejaron en paz porque obviamente, no estaba bien de la cabeza. Un tipo gracioso. Nunca más debería volver a pagar por ver a un artista que fue importante y al que le quedan pocos años y pocos conciertos en su camino vital, pero al final caeré de nuevo y gastaré el dinero que tanto cuesta ganar, especialmente si eres barman en Turquía. La cuestión es que las viejas glorias tienen ese atractivo ganado en los orígenes del mundo y que perdura imperturbable pase el tiempo que pase por ellos, lo mismo que los diamantes.

Es complicado darse cuenta de lo sencillo que es solucionar todo un futuro dando un braguetazo que no sucederá. Y cuando te has acostado y levantado ocasionalmente con una pequeña persona adorable de mirada felina y sensibilidad extrema cuya familia, como buenos judíos, se dedica al "poco" lucrativo negocio del carbón altamente presurizado en Amberes, ves una oportunidad única en la vida de acceder a una de esas esferas de la sociedad que viven y vivirán ajenas a los problemas del 99% de los mortales. Pero la miel no está hecha para la boca del burro, y esto no es La dama y el vagabundo, así que en un mes yo seguiré mi camino totalmente tranquilo al respecto, sólo que podré decirle a mi descendencia, si algún día lejano sucede tal cosa, que hubo una pequeña posibilidad de que su vida consistiese en estar jodidamente podridos de pasta.

Creo que con todas estas historias de mierda que os escribo desde mi cafe/paraíso os podéis hacer una idea bastante precisa de porqué mi vida a miles de kilómetros de Galicia es una maravilla de posibilidades y rarezas. La pu*a realidad.
martes, diciembre 14, 2010

Cocktale

Las cosas sólo son imposibles hasta que dejan de serlo.
Jean-Luc Picard


Lo único que se repite es la tendencia inerte al cambio. Cada dos meses nuestros caminos toman rumbos cada vez más divergentes, se crean conexiones y se obstruyen atajos. Cuando la fuerza de voluntad no funciona ni embutido en mi túnica jedi tibetana, sólo queda mandar el pasado a la mierda y desdibujar el presente sirviendo ingentes cantidades de cerveza a un pueblo que tiene serios problemas con el disfrute del alcohol. Después de tres años de autocomplacencia mi cuerpo ha vuelto a su mínima versión, los huesos de la cadera vuelven a asomar y el costillar alcanza un estado óptimo para ser tatuado con grandes dosis de dolor. Ya no quedan sueños que atrapar cuando uno decide crear la realidad a su antojo, y el único Plan B que pienso en aplicar es el que cada día me canta aquello de She said...

Desde hace tiempo me gustaría sentar la cabeza, cosa harto complicada cuando eres un culo inquieto sin posibilidades de ser seguido, te has cansado de la loca con problemas de ceguera emocional y de la inmadura con problemas de comunicación, la judía más sexy se pone un vestido demencial y tienes que ir a acompañar el llanto de un buen amigo treintañero que se ahoga en problemas que tendrían que haber dejado de serlo hace quince años. Pero aunque no lo parezca, esta ciudad me reconforta interiormente más que 20 liras quemadas en mi chillum minimalista. El cambio superficial es más maravilloso cuanto más refleja las mismas estúpidas miserias humanas de siempre.

No se si lo había comentado ya, pero he dejado la cerveza, y hasta que en algún lugar del mundo encuentre un filete de ternera a la plancha, con sus surcos dorados, también la carne. Pero he descubierto el Rush, una obra maestra de la coctelería made in Göker Canko -mi compañero en la terraza de DelMundo- a base de vodka y kiwi. Y a falta de hielo, hace dos días improvisé mi primer espresso con nieve, que en estos últimos días no deja de caer sobre tierras turcas. Echo de menos mis peleas dialécticas con Iria, pero aún más a ella, la única aparte de Steven D. Levitt que entiende algo de incentivos humanos, o cómo todos somos unos hijosputa en una búsqueda exclusiva de autorealización y beneficio personal. Y da lo mismo que seas un amoral banquero capitalista, un funcionario de la administración americana al que se le ha visto el plumero en los cables destapados por Assange o un voluntario en un campo de refugiados de Somalia/slum de la India/campamento gitano en Rumanía/pueblo destrozado de Afganistán. Aunque estos últimos piensen que son mejores personas que los primeros, y lo que es peor, encuentren razones para apoyar esa idea.

Soy feliz a mi manera; pero equilibristas, magos, payasos, domadores y visionarios de mi Circo favorito, me alegraría el año entero poder compartir vía webcam y desde la distancia una hora o dos con vosotros en la fiesta del próximo 31 de diciembre. Trabajad en ello, no me seáis vagos. También a vosotros se os echa de menos. Y aunque todo tenga que ver, como he dicho en el párrafo anterior, con la alegría egoista, se os quiere.

Y gracias a las ideas estrambóticas del pequeño Semih, nuestra historia de la palabra cocktail ha alcanzado la categoría virtuosa del cuasi-monólogo de Steve Buscemi en Reservoir Dogs sobre el Like a prayer de Madonna. Pero no os la voy a contar, nadie se hizo rico regalando oro.
martes, diciembre 07, 2010

Ev'de


Freedom is my profession
Gogol Bordello, Undestructible

Que soy un tipo con suerte nadie lo puede discutir. Hago y deshago a mi antojo respaldado por una cuenta bancaria tampoco excesivamente abultada, construida desde hace veintitrés años gracias a donaciones familiares. Ni tengo ni busco trabajo, pareja, coche o casa, aunque si a algún alma caritativa se le antoja agasajarme, no rechazaría una moto con sidecar. Pocos entienden mi rumbo de veleta o mis idas y venidas turcas, y tampoco es algo que me preocupe especialmente, casi ni le rindo cuentas a mi familia, y mi pobre madre lo sufre en alto, aunque no tanto como le gustaría.

Me toca un mesecito de relax y vida sencilla, rodeado de amigos y gente que me sirve espressos con hielo a mi antojo, con mi vieja cama y el mismo frío de siempre. Y al hablar de mis planes de futuro la gente que no me conoce no quiere conocerme, no es demasiado divertido escuchar cosas como "no se, en un mes me iré a las Filipinas, o a Sri Lanka, o a cualquier lado que me venga en gana". Pero a mi tampoco me gusta escuchar frases del palo de "...con tu vida interesante", "...ojalá pudiera" y lamentos del estilo, la vida cómoda atrapa, y lo digo yo desde mi paraíso particular en un bar de Eskisehir tras "sólo" dos meses cruzándome el subcontinente indio. Lo único que alcanzo a decirles al respecto es que en Australia pagan muy bien cuidando vacas.

Voy dopado de cafeína. Me va a hacer falta, hoy toca poner pintas, hacer cócteles y aguantar a Özge en modo jefe hasta que recupere mi libertad. En ese momento, cuatro horas de drum'n'bass.
domingo, noviembre 28, 2010

Opciones, futuros, paquetes y demás mierda incomprensible

Describe un círculo, después acarícialo, y se convertirá en un círculo vicioso.
Eugene Ionesco

Como sabréis ya muchos, los últimos minutos del día 3, que resulta ser el próximo viernes, estaré cruzando la puerta de salida del aeropuerto Sabiha Gökçen de Istanbul rumbo de no-vuelta. Se acaba el viaje en su sentido original de dar la vuelta al mundo -nunca se sabe- pero sigue el otro viaje. El importante. Quizás aceptase una empresa demasiado grande, a veces lo siento así, pero he llegado a la conclusión de que está saliendo justo como tenía que salir. Viajar solo era un deseo y se ha convertido casi en una revelación. A casi dos y tres meses respectivamente de salir de casa, creo que tan sólo he viajado sin compañia alrededor de una semana. En Jordania estuve desde que llegué enchufado en uno de los bares culturetas y pijos de la capital, y Petra la recorrí con un alemán -Gabriel- de viaje por Oriente Medio a Alejandría para hacer sus prácticas universitarias y un australiano -Matt- que empezaba un mes y medio de trabajo con la Cruz Roja. Y en la India pasé alrededor de tres semanas con Tanja y Corina y va a hacer ya más de dos que estoy con Fran e Iván. Ha sido un tiempo fantástico en retrospectiva, y es de recibo reconocer que me podría quedar perfectamente uno o dos meses más por aquí -en realidad serían 24 días, mi visado no da para más-, pero en este tiempo he descubierto algo muy importante, y es que yo disfruto mucho más del viaje acompañado. Por eso vuelvo. Toca relajarse, dejar de pasear los 12 kilos de tabla que viven adosados a mi hombro en lugar seguro y planear mi vida a partir de marzo, porque no me voy a quedar quieto aunque no siga el camino de Phileas Fogg. Los planes hasta la fecha incluyen Sri Lanka, Malasia, Filipinas y de uno a tres meses más en la India de nuevo, me ha quedado demasiado que ver, y voy a echar de menos las vacas urbanitas.

De nuevo, andando en círculos.
domingo, noviembre 14, 2010

Las cometas de Benarés

Podría vivir perfectamente con una mancha de pis en la alfombra, pero que va tío, más complicaciones.
Mucho Muchacho parafraseando a The Dude


Más de quince días sin actualizar y hoy caen dos. Tengo que pedirme disculpas a mí mismo por la escasa frecuencia de actualización, pero obedece a varias razones. Por un lado, la entrada de Jaipur estaba escrita hace tiempo, pero el Office expiró y no di encontrado hasta ahora un pc donde lo tuviesen instalado. Por otro, los momentos de salud delicada, y la más importante, el odio que me produce tener que escribir en un teclado internacional donde no puedo poner acentos ni ñ sin que me lleve tanto tiempo escribir como copiar y pegar los símbolos característicos de nuestro idioma. Pero aquí estamos de vuelta.

Voy a hacer un pequeño resumen cronológico. Luego de Jaipur -un poco de scroll down y lo leeis- estuve alrededor de seis días en Pushkar, relajándome y empezando la ginkana de enfermedades que he tenido que superar en este tiempo. No voy a hablar de ese pueblecito, queda demasiado atrás ya, pero se lo recomiendo encarecidamente a todo el mundo que visite la India y la zona del Rajastán, para desconectar de las masificaciones de personas, el ruido infernal y la polución cuasi-incapacitante típica del resto de lugares de este enorme país.

De ahí, acompañado ya por Tanja y Corina, y con la seguridad de encontrarnos a nuestra llegada con Dani, Tania y Eliana, nos pusimos rumbo a Varanasi vía Jaipur, un viaje de un día, al estilo hindú. Jamás pensamos que nos quedaríamos en la ciudad de la muerte diecisite largos días. Varanasi es caos, es suciedad, es agobio, es mi ciudad favorita de las que he visitado, sin duda alguna. Supongo que estar más de dos semanas haciendo poco más que sobrevivir ayuda a tener esa impresión. A la ciudad donde confluyen el Varuna y el Assi, bañada, purificada, contaminada por el Ganga, se viene a morir. La casa de Shiva se abre ante tí entre seda, chillum, música y agua. El primer día nos dimos nuestro primer paseo por los ghats -escaleras de baño- donde la ciudad nace y muere, y creo que fue en el tercero cuando cogimos el barco a las 5.30 am para ver el amanecer de la urbe. Varanasi también es una típica ciudad hindú de tráfico horrible y suciedad, y la espiritualidad es, bueno, para la gente que ya viene espiritualizada de casa. La India sólo es un paraiso si te gusta vivir en desolación, pero es infinitamente interesante para visitar, ampliamente disfrutable y cómico, es una experiencia necesaria. La gente lavando sus ropas y las de cuarenta personas más, las lanchas caseras que venden dvds y llevan una televisión alimentada con una bateria de coche, personas de todas las edades rezando y bañándose en el agua bipolar de la madre Ganga, los sadhus y buscavidas, el bostezo de una concentración de cuatro millones de personas, la luz rosácea en el agua, la atmósfera única, las piras funerarias ardiendo las veinticuatro horas, su olor, y las velas dejadas a la deriva. No me gusta ver templos, ni fuertes, ni cosas así. Esto también es turístico, pero es increible. Y cuando todo parecía enderezarse en mi plan de viaje para mi tiempo en el subcontinente -para luego ya lo está- la realidad llegó. Entre problemas de visado por la nueva política hindú, Paul no tenía que arriesgarse a perder uan visa por diez años, y consecuentemente no lo hizo. Tania y Daniel recuperaron su camino original espoleados también por el bajón anímico que genera siempre la burocracia, y las hermanas hacía dos días que habían empezado el calvario que duraría hasta el día que nos marchamos, a doce de noviembre. Las pobres lo pasaron mucho peor que yo, incluido ingreso hospitalario, pero fue un alivio tener gente al lado cuando no puedes con el alma, porque la India no es un país agradable para ponerte realmente enfermo. Las ayudamos mucho, y ellas me ayudaron a mí cuando llegué a 39 de fiebre, llevaba tres días sin dormir realmente y no podía hacer nada más que respirar. Luego vino lo del dedo. No necesito tatuajes, la vida se encarga de irme dejando marcas por el cuerpo de mis viajes. El índice izquierdo se duplicó de tamaño en su última falange, producía un dolor intenso y una incomodidad manifiesta. Ahora, después de ser abierto vía aguja, tijera y bisturí ya ha recuperado su volumen normal, dejando un agujerito de diámetro algo menor al del de un filtro de cigarro que sigue curando lentamente, pero la movilidad y la fuerza todavía se resienten bastante. Después de los planes de viaje fallidos, esta situación me impidió, y lo seguirá haciendo por un tiempo, tomar las clases de tabla que pretendía. Ahora tengo una tabla que pesa más de 12 kilos que transportar conmigo, pero es un sueño cumplido. Dos dvds y el skype de Ravi me permitirán hacerlo de vuelta en Turquía hasta que en época baja decida si todavía me seduce el plan de volver todo el mes de marzo o abril para dedicarlo a tocar algo más que las pelotas. Y de paso, qué os parecería vestiros todos de neohippies? Tenemos que estudiarlo. Pero ahora mismo, al borde de abandonar el país o seguir una semana más, me apetece volver allí en un tiempo y tener un profesor real. Y Ravi es bueno, muy bueno. Y volver a ver cada día, desde la hora de comer hasta la pronta puesta de sol, a los niños creando la imagen fantástica de un cielo repleto de pequeñas cometas. También hay tiendas de bhang legales aprovadas por el gobierno, pero no pude sacar una foto decente; en el primer caso, por la calidad de la cámara, en el segundo, porque vendrían a darme unas ostias.


Y ahora, de vuelta a Delhi y sin ganas ni necesidad de salir a respirar de nuevo Paharganj, todavía no se si mañana aterrizo en Istanbul o me quedo una semana más, me he acostumbrado a acomodarme en las habitaciones de las guesthouses.

Jaipur o cómo estafar a los estafadores

La habilidad es a la astucia lo que la destreza a la estafa.
Chamfort


Llegar a una ciudad a las 11 de la noche debido a que tu tren se ha retrasado media hora en la salida y luego ha ido a derecha e izquierda por la misma vía sin que tú entiendas qué está pasando no es del todo malo. Pero ya os hablé de ese viaje en la anterior entrada. Jaipur Junction 11.30 pm, con Maj y Tina, las dos danesas que viajaban en el mismo vagón de 2nd class, sin información de hostales en la ciudad y la guía en el pc. Nadie tiene idea de nada, así que como buen viajero en la India confiamos ciegamente los unos en los otros para movernos. Sobrevivimos en manada, las individualidades en este país se pagan; en rupias. Ellas tenían un nombre de un hostal en el que se suponía tenían dorm así que enganchamos el primer autorickshaw que nos ofrecen y nos dirigimos allí. La entrada no correspondía a un hostal donde caerte muerto por 80 rupias. Guardia de seguridad, puerta electrónica, mesa de pingpong fuera, ascensor y, lógicamente, no dorm. El conductor nos esperaba fuera, por si no había sitio. Resultó que tampoco había conductor cuando salimos, así que empezamos a andar por las calles desiertas, hasta que encontramos un policía. En este país los agentes de la ley y el soborno son unos de los mejores aliados que puedes tener, el resto de los habitantes les tienen un miedo atroz y siempre responden favorablemente cuando te acercas a ellos bajo su tutela. Al parecer, los estacazos que meten con sus palos de bambú, que combinan eficazmente con subfusiles del mismo tamaño que ellos, son para no olvidar. No pretendo comprobarlo, no es la clase de souvenir que me gusta llevarme de los sitios.


Sentados en la calle tiro de pc para buscar otro hostal, y escogimos el que creo que todo el mundo ve de primeras, uno llamado Pearl Palace que tiene muy buena pinta. La verdad es que estaba muy bien, pero lleno, así que probamos suerte en el de enfrente, donde terminaríamos quedándonos. Situado en la zona tranquila de la ciudad, el ChitraKatha fue un oasis de paz que te demuestra que hay buenas opciones escondidas por poco dinero. Maj fue muy rápida en la negociación por la habitación, esgrimiendo la hora y jugando la carta de mejor más barato que vacío; pretendíamos una doble para ellas y una simple para mí, pero nos enseñaron una habitación con cuatro camas, el mejor baño que he tenido en la India hasta el momento –y creo que hasta el final- e incluso toallas. Si, puede parecer una tontería, pero cuando llegas a un hostal donde te dan toalla sabes que ESE es el sitio, una simple toalla por la cara puede suponer la mayor alegría de la jornada; aunque los conocedores de la Guía del autoestopista galáctico ya deberían saber esto. Y es una verdad absoluta, como la gravedad fuera de una instalación de entrenamiento aeroespacial, donde tienen métodos científicos para reducirla a la mínima expresión, lo cual siempre me ha fascinado. Al final acabamos pagando 200 rupias cada uno por noche, casi la mitad de lo que estaba pagando cualquiera de los otros huéspedes del lugar. Una maravilla de sitio, limpio, tranquilo, staff agradable e incluso wifi. Toallas e internet o el Paraíso.

Pasé tres noches y dos días y medio en la ciudad. Jaipur es la capital del Rajastán, un lugar caótico de 3 millones de habitantes famoso por ser el centro comercial del estado, la ciudad rosa, y las gemscams –estafas de joyas.


El primer día me dirigí a la ciudad vieja, también conocida como la Ciudad Rosa. Uno de los últimos maharajás de Jaipur mandó pintar todas las casas de ese color con motivo de la visita, alrededor del 1800 y muchos, de la Reina de Inglaterra. El rosa es el color de bienvenida. Y bueno, sí, se nota que en algún momento fue rosa, en la actualidad es más de tono salmón oscurecido y desgastado por la costumbre hindú de tenerlo todo lleno de mierda y la extrema polución existente en cualquier centro urbano del país. Pero me sentía bien, misteriosamente recuerdo Jaipur como un sitio ordenado por el que se podía caminar, la impresión de Delhi seguía muy reciente, junto a ese fallido intento de viaje que supuso Lucknow, el sitio al que nunca volveré. Todos los conductores de rickshaw me querían llevar, diciéndome que lo que quería ver estaba muy lejos, 8 kilómetros y cosas así. No lo hacen para sacarte el dinero, por supuesto, es sólo que el método hindú de contar metros y kilómetros es abismalmente distinto al nuestro, 100 metros locales pueden ser 20 o 500 en cualquier otro país, pero nunca serán 100. Me dejan en la AjmerGate, una de las siete puertas de la ciudad antigua, y comienzo a andar, con el vago recuerdo de que el HawaMahal está a la derecha de mi posición. En la siguiente calle principal me encuentran dos indios, bien vestidos, con buen nivel de inglés, se interesan por mí, por conocer cosas de España, y me invitan al primer chai. Hablando surge la oportunidad, siempre por placer, siempre porque es su país y yo soy el invitado. La verdad es que la jugada me salió redonda. Otro amigo suyo, por orden del primero, cuyo trabajo real sigue siendo un misterio para mí, me lleva en moto a ver el templo del dios Hanuman o Monkey Temple, que está hacia las afueras de la ciudad y en rickshaw te cuesta una pasta, así que acepto, me hago el tonto, me dejo ver como una presa fácil de timar. El viaje fue un placer, por primera vez íbamos por carreteras locales con poco tráfico, rodeado de vegetación, sintiendo el viento en la cara. Me dejó conducir la moto un rato, cuando el volumen de la circulación pasó a ser mínimo, sin el peligro de que se te cruce una bicicleta o un camión en el momento menos inesperado. El riesgo de vaca/perro/mono siempre está presente. Tras el templo, entramos de vuelta a Jaipur y le pido que me lleve a ver el HawaMahal, por fuera, ya que dentro no tiene nada y hay que pagar, y lo bonito es la fachada. Tiene un encanto especial, no deja de ser la imagen más conocida de Jaipur, pero tiene un tamaño considerablemente inferior al que me imaginaba. De ahí de vuelta al lugar donde me abordaron, porque me iban a invitar a comer. Cuánta amabilidad, era increíble, en el sentido más literal de la palabra. Y claro, aquí comenzó el proceso de, una vez “ganada” tu confianza, de hablar de joyas. El jefecito me lleva a comer, sorpresa la mía cuando me lleva a casa de su primo, que es un tratante de joyas. Allí poco a poco me ofrecen la posibilidad de hacer mucho dinero, volviendo a España con el billete pagado, sin tener que dar nada de dinero, con dos o tres anillos valorados en 1000 euros –es la primera vez, no puede confiarme material por 20000 euros, como hace con los turistas que ya lo han hecho varias veces. Me enseña las copias de los pasaportes, los documentos que firman conforme a que las joyas son para regalos, no para vender en su tierra de origen y así burlar las aduanas. Por hacer eso, me llevo 600 euros a mi llegada a España más el billete de avión por la cara. Todo suena demasiado bien, perfecto, 600 euros por ponerme dos anillos en los dedos y entregárselos a su representante a mi aterrizaje en el Prat. Nadie da duros a pesetas, tenedlo siempre presente. Hago que me interesa, que tengo que consultar cuando me tengo que ir, comemos y les digo que tengo que ir al hotel para ver mi disponibilidad de fechas. Por aquel tiempo, la opción de volverme era la primera a mucha distancia de la segunda. Y quedamos para las 7.30 pm en la esquina de la calle, donde el fulano de la moto me vendrá a recoger una vez haya hablado con mi familia y sabiendo la fecha, para concretar el negocio. Tengo que reconocer que me lo pensé, todo sonaba bien, pero al final, y muy bien hecho, tiré de intuición y me quedé en el hotel. No me sobra el dinero, sí los problemas. Estar sólo, rodeado de hindús que quieren algo de ti, en su piso, no ofrece sensación de seguridad. Luego supe que el tío se recorrió los cuatro hoteles de la calle preguntando si me hospedaba allí, con cierto aire mosqueado. Que se jodan, el dinero fácil no existe, y yo estaba muy contento habiendo tornado su estafa en mí estafa: un día de sightseeing gratis, comida gratis, y experiencias útiles gratis. Soy muy buen mentiroso, tengo futuro.

Por orden, las instantáneas del templo de Hanuman, Hawa Mahal y Jal Mahal.



El segundo día empezó de manera similar y terminó también igual, con una cerveza y un canuto de una calidad extrema en el cuerpo jugando la carta de “estáfame, soy turista”. Tina seguía enferma y por ello las danesas se quedaron en el hotel otro día más. Reniego del tuk-tuk y me voy hacia la ciudad rosa andando, quería tomarme un lassi en Lassiwala, la Lonely hablaba muy bien del sitio, y la verdad, creo que ha sido el mejor que me he tomado hasta el momento, incluidos los bhanglassi que tienen un gusto horrible y unos efectos más que discutibles. Allí Mohammed, un conductor de rickshaw que se estaba tomando también un lassi, me empezó a hablar sin ánimo de venderme nada y me enseñó su guestbook, lleno de buenas referencias, especialmente de españoles. No tenía que hacer, así que le digo que me lleve a ver el Jal Mahal, elefantes, que me haga un tour, que me fío de lo que he leído. Antes, como siempre, paró a invitarme a un chai. Pero como todo el mundo en este país, tuve que tragar e ir a ver tiendas. La de ropa me gustó, no te presionaban para comprar y me enseñaron todo el proceso de manufactura, tinte, corte y confección. Pero en la siguiente, la de joyas, con un tío joven que hablaba perfecto español y había viajado mucho, el sitio presentaba un aspecto legal, las cosas como son, pero tras todo el paripé de la amistad, el colegueo, la cerveza y el hachís, llegó una venta extremadamente agresiva, asquerosa, violenta. Cogí, cabreado, me levanté, enganché a Mohammed y le dije que me llevase al hotel. Antes le había dicho de tomarnos un lassi que ya no quería, no estaba de humor. Me había llevado a un sitio totalmente desaconsejable, le pagué y me despedí. Y lo iba a recomendar, pero me quitó las ganas. Se disculpó por el sitio, porque nunca habían actuado así y demás, pero llegó tarde. Hubiera sido genial tener un buen conductor en el que confiar a la vuelta pero, en mi caso, no hubo comentario en su libro.

Al día siguiente ya me iba hacia Pushkar compartiendo autobús con una holandesa y una sueca que había conocido en Agra y el azar hizo que también compartiéramos ese maravilloso hostal de Jaipur. Estaba feliz la verdad, la sensación de haber vivido otro día más casi gratis, y el tener wifi y poder usar mi ordenador, y por supuesto, la toalla, hicieron de mis días en la capital rajastaní una grata experiencia. El autobús sale a la una del mediodía desde una estación que es un caos como todas las que hay en esta tierra, pero es barato y son sólo cuatro horas, además de la única manera de llegar al pueblo del templo de Brahma. Pushkar, donde el tiempo se detiene, el bhang te rodea, y los hoteles tienen piscina. De ahí os hablaré en la siguiente entrada, pero tampoco lo aseguro, según me apetezca, porque Jaipur fueron dos días y me cuesta escribir, pero Pushkar han sido seis. Namaste.

domingo, octubre 24, 2010

Puertos de montaña en la frontera del desierto

Un idealista es aquel que cuando se da cuenta de que la rosa huele mejor que el repollo llega a la conclusión de que su sopa será también más rica.
Henry Louis Mencken

No me apetece hablar de Delhi. Ni de los primeros días. Pero me alegro por ellos. Enfrentar la realidad, tus deseos, necesidades y verdaderas prioridades, y alcanzar una conjunción armónica, siempre es positivo. Bienvenidos a (Con) Sin ruta, y sin rumbo.

He descubierto que siempre puedes viajar en el tren que sea. No importa que esté lleno, porque ese concepto no se aplica aquí. Sólo depende de tus ganas de comodidad. Al parecer, si tienes WL y dos números en tu billete –waiting list- simplemente no tienes asiento/cama, pero puedes estar en el tren. Sigue sin parecerme una buena idea tener un billete con esos caracteres. Pero para distancias cortas, no existe para mi otra clase que la II class sin billete reservado. Previa cola estilo indio, y por muy pocas rupias, puedes formar parte de algo muy hindú: el hacinamiento. Si eres rápido y lo coges en la estación de salida, puedes hacerte con un asiento, incluso una cama de tablas. A mí, sin embargo, me encanta apalancar la mochila en un lugar seguro, en mi caso concreto con las únicas dos osadas extranjeras que estaban en el vagón, y sentarme en la puerta –abierta, por supuesto- del mismo, con el viento en la cara, las vistas, el tabaco, la pillería, y sobre todo, la sensación de libertad, de paz y energía que me da. Hasta que empieza la realidad. Cada poco tiempo el tren se detiene en medio de ninguna parte, o en estaciones que se encuentran situadas en esa misma ninguna parte, y en cada parada se sube y baja gente en una proporción de 20:1. Ahí empiezas a compartir asiento en una puerta de tren. Son del mismo tamaño que una puerta de tren estándar. Sigue entrando gente, y como estás en la puerta tienes que levantarte, posicionarte estratégicamente, y evitar explicarte porqué los mismos se bajan y se suben tres o cuatro veces. Las samosas suelen estar buenas, por cierto. Si te gusta ir ahí, no sueltes la puerta, no te alejes de ella más de cinco segundos, o se habrá ido para siempre. Cuando en un espacio de 5m2 hay 17 personas, estar sentado se aprecia. No hay tensiones, pero no sé, tampoco me ha convencido la atmósfera. Lo genial es tener tu equipaje junto a las dos únicas personas occidentales sentadas en la otra punta del vagón. Quince minutos, unos 10 metros. La gente duerme así, con las nalgas del vecino a unos centímetros de la boca babeante. Gente sentada, gente en los huecos en los que no coge mi zapato. Es un modo de viajar muy divertido. Agra-Jaipur, sólo cuatro horas, más el retraso.

La llegada a la ciudad del Taj fue insípida. Autorickshaw al primer hostal que ponía la guía, ya era de noche, 150 rupias por una habitación con cama, ventilador y cuarto de baño. Eso es todo, y me pareció bien. No necesitaba lujos. Subí a la terraza a intuir el Taj, porque aunque tiene vista directa, y cercana, no se ve de noche. TajGanj es un PaharGanj en pequeñito. Di una vuelta por ahí y me senté a cenar en un lugar que no ponía Recommended by Lonely Planet. Curry de espinacas y queso, arroz y una Kingfisher, de la cual no consigo encontrar una bandeja por ningún lado. Una pareja de chinos –me tenían cara hongkonesa- llegó un poco más tarde, buscando vistas. Era de noche. Así que se sentaron igual. Cuando ya había terminado de comer, disfrutando de la cerveza y el cigarro de después, llegó un grupo de jóvenes. Dos chicas canadienses, una sueca y una holandesa con las que luego me encontré dos días después en el mismo hotelazo de Jaipur, un australiano y un italiano –todos, menos las canadienses, vivían en Australia, pero se acababan de encontrar también, viajaban en grupos de dos siguiendo el orden en que los he nombrado- que tenía padre español, había vivido en Barcelona y pasado muchos veranos en Euskadi. Fue una buena noche, la verdad, risas y cervezas, y Honey Pancake, el hombre que nos servía, un Sir de muchos años, que al preguntarle su nombre, dijo todo emocionado a las chicas Honey Pancake. Era gracioso, y diligente, la verdad, y el curry estaba buenísimo. Previa a la llegada extranjera estuvimos hablando un rato. Luego camino al hotel, dormir y Taj Mahal. Para hablar de él ya están las fotos, pero me pasó como me pasa con casi todo lo increíble y maravilloso que he visto mil veces en imágenes, no me toca. Sigo teniendo el anochecer en Bagan como algo insuperable, y por muchos visionados según la iluminación que reciba esa locura al amor, me sigo quedando con la magia de los templos birmanos. Pero es que soy un exquisito, un sibarita, parece.




El plan era abarcar Jaipur también en esta entrada, pero con el viaje hasta allí abriéndola, y cerrando así el famoso y masificado Triángulo dorado, está bien por el momento. Mañana los dos días y medio en la capital del Rajasthan, ciudad de maharajás, casas rosas, scams, y 3 millones de personas. Y luego Pushkar, donde tras unas pocas horas, un gran alivio y un shock turístico moderado, empiezo a entender eso de un día más…
lunes, octubre 04, 2010

De finales y principios

Un viaje de mil millas comienza con el primer paso
Lao-tsé

Me equivoqué por completo en la entrada de ayer. Cuando ya no esperas nada, cuando ya has dado por perdida la principal -jamás la única- razón de la vuelta al puente de Asia, la vida me recuerda que, si el karma existe -lo empezaré a buscar en cinco días, aunque me huelo que la frase Jai guru deva, om va a ir más allá de la propia experiencia de aquellos cuatro jóvenes melenudos que revolucionaron la música-, en mi vida pasada he tenido que ser algo cercano a un lama.

A unos minutos para las 12 de mi última noche en Turquía, tras un mes de espera, por fín la tuve de nuevo enfrente. Apuré la cerveza, me despedí de Adel, Edu y Juanjo hasta el julio que viene, y me encaminé a cerrar el círculo. No puedo remediarlo, es superior a mis fuerzas, a cualquier recuerdo negativo y a cualquier comparación en la que objetivamente no debería salir vencedora. Será la marca del cocodrilo, yo que sé. La cuestión es que ahí estábamos de nuevo, en una terraza más de la infinidad de bares-edificio de Beyoğlu, hablando, recordando, fumando un cigarro tras otro con la ayuda a la traducción de Izlem, viviendo. Otra vez la última noche con la persona con la que tenía que estar. Pero si Ağva sirvió para destrozarme y recomponerme al mismo tiempo, Istanbul, de nuevo, sirvió para hacerme caer. Se lo dije, y ella me respondió que cómo podía saberlo, que era todavía muy jóven y que me esperaba un año de novedades, que quizás poco tiempo después cambiaría de parecer. Quizás tenga razón. Es algo que ninguno puede saber. Pero yo sigo convencido de que es la mujer de mi vida. Y volver a despertarme con ella, volver a tenerla entre mis brazos y volver a verla dormir con esa sonrisa permanente no hizo más que confirmármelo. Y si no me encuentra en algún lugar del mundo, volveré, de nuevo, a buscarla, esta vez para no dejarla marchar jamás.

Porque queridos aventureros, escribo esta entrada desde Books@Café, Ammán, Jordania. Ha empezado la aventura, y no lo ha hecho mal gracias a Fares Ahmaro. Gracias por hacer de mi llegada a tierras hasemitas un comienzo sencillo. Mañana empezaré a tener que sacarme las castañas del fuego por mi mismo, pero hoy estoy salvado.

Esta mañana fue el final, esta noche es el principio.
viernes, octubre 01, 2010

El mundo que conocimos

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar
Antonio Machado

Estoy al borde del colapso cafeínico. Hoy se me acaba el oro negro hasta que llegue de nuevo, unos seis meses más tarde, a la civilización occidental, a ese pedazo de tierra que sobró en la formación geológica del planeta, tierra de animales hechos a retazos, tierra abierta e inhóspita donde la supuesta escoria británica levantó una sociedad con los mismos errores y posiblemente alguna virtud más que la que los mandó a un exilio napoleónico. Lo echaré enormemente de menos, pero no me corre prisa alguna retomarlo. Necesito Asia. Necesito suciedad, especias y humildad. Penurias y destellos oculares. El techo del mundo y el fín espiritual.

Se acaba mi mes en casa; siempre seré galego, y ya siempre seré turco. Soy un árbol transnacional. Recuerdo la primera entrada y mis previsiones sobre mi tiempo otomano. Se han cumplido todas. Mi amor no está en este país de bellezas constantes, y en el fondo, debo considerarme afortunado por ello. Pero pesa más la llave que debo fundir que mi mochila; el conocimiento pesa 3 libras, las emociones no las soportarían ni los hombros de Atlas. La verdad es que he vuelto a ser feliz, y a hacer desgraciados los próximos meses de otra cabeza, y ya van unas cuantas. Todo me indica que sólo me he amado a mi mismo, que sólo yo me resulto imprescindible. Una pena que mi viaje no me lleve a pisar Tahití para comprobar si Eric Goulden estaba en lo cierto.

No he viajado, no he querido alejarme un segundo de la ciudad que me idolatra y me desprecia en una proporción del 70/30. Soy su mal necesario. Soy aquel al que le ha caido la misión de descubrirles que las distancias son únicamente mentales, y que el mundo gira a tu favor si lo deseas con suficiente fuerza. No deseo repetir las mismas despedidas que hace escasos tres meses, pero marcharme a lo desconocido con 15 abrazos sinceros será mi energía vital. Adiós Turquía, ha sido un placer, muchas gracias por todo. Este es el mundo que conocimos, y que nunca volverá.
miércoles, septiembre 08, 2010

De principios y finales/Andando en círculos

Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Istanbul
Canción del Pirata, Espronceda


Se que llega un poco tarde. Lo suyo hubiera sido empezar antes de salir de casa. Lo suyo serían tantas cosas que jamás van a pasar. Lo mío serán las que sí pasen.

Con lágrimas en mis ojos, y ríos en los de mi madre, subí al autobus que estaba destinado a ser el primer vehículo de mi aventura. Dirección: Lugo; tiempo estimado de llegada: 12 meses.
Lo cierto es que ahora mismo estoy escribiendo sin motivación alguna. Y creo que se notarán los capítulos que escriba por autoimposición. También creo que serán los mejores. Soy mucho peor escritor de lo que me gustaría ser, o quizás no, sinceramente a mi me da lo mismo, me tengo en altísima estima.

Empezar por Turquía era un mal necesario. Volver al país que me ha brindado el mejor año de mi vida hasta el momento resultará contraproducente en muchos aspectos, todos ellos banales. Un romanticismo peligroso por un pasado que no volverá nunca, un ejemplo más de la simpleza del hombre, las grandes metas, los grandes deseos, las necesidades de reafirmación, que cojones, en el fondo estoy aquí de vuelta por obra y desgracia de la última mujer que me destrozó la lógica. Este es el porqué de Turquía, el del resto de la aventura ya estará para siempre escrito en mi piel, muslo derecho, parte superior.
Tres semanas aquí que poco o nada marcarán el devenir futuro de mis pasos. Tres semanas de hedonismo y mortificación. Tres semanas de adiós como saludo a los siguientes once meses.


Después de 18 horas de viaje y 12 de espera, estaba subiendo de nuevo las escaleras de mi hostal de siempre en Istanbul. Mis amigos que trabajan allí no daban crédito. Algo que se repetiría durante los siguientes días, y que se seguirá repitiendo durante alguno que otro más mientras no vea a todas las personas dignas de mí. No voy a extenderme, de Turquía ya he hablado mucho durante el pasado año; pero jamás pensé que otra noche más en la única gran ciudad de las que he conocido que podría perfectamente acogerme como habitante durante un año o dos fuese a regalarme un momento íntimo que no olvidaré nunca, sólo superado por aquella noche de principios y finales que pasé con ella, aquella noche de Clásico, aquella noche de Parov Stelar.

Las primeras Efes con Ieva, Hoca y demás buenos amigos en una terraza de un bar cercano al tünel de Istiklal, el dorado veneno mexicano, cortesía de los euros y el duty free, suavizando el sabor y endureciendo los efectos de las siguientes rondas, el cansancio físico del camino y la frescura mental del reencuentro, la promesa cumplida.
Tras los primeros caídos en el combate etílico, los supervivientes nos encaminamos a la casa de Ieva, unos metros por debajo de la torre de Galata. Allí, reunidos en una terraza superlativa por el encanto de su situación, las heridas de guerra fueron enviando a los pocos presentes uno tras otro escaleras abajo a su merecido descanso. Inesperadamente fué con el que menos relación tenía de todos el último en quedarse a mi lado y disfrutar juntos del humo de la victoria, ese pedacito de hachís envuelto en celo que había cruzado fronteras alojado en mi boca. Y ahí, ya solo, con el tejado iluminado de la torre detrás, mirando al estrecho que separará siempre mis dos lugares de nacimiento, la brisa acuática del mar de Mármara y las luces de ese incomparable skyline de Sultanahmet, bendije la suerte que me he buscado, sabedor ya de que no había vuelta atrás.

Y aunque fuese sólo por unos instantes, me convertí en atemporal.